La Barra

He visto y he trabajado en lugares autodenominados “bares” que no tienen barra. La razón por la que esos lugares podrían llamarse bares es que sirven alcohol a sus clientes pero vendría a ser la más miserable de las razones para pensarse en el derecho de autodenominarse bares.

Claro que en tiempos donde la tolerancia es más tolerante que nunca, ser intolerante con ciertos conceptos crea un poco de incomodidad pero para eso estamos en el blog del Krug, para doblar los barrotes de la diplomacia, para dar de mazazos a las paredes de la discreción y discutir de todos los temas que tengan que ser discutidos aunque al final solo queden escombros y fierros torcidos en el octágono de las ideas. Sobre esa destrucción erigiremos los nuevos temas de discusión para comenzar el combate una vez más… así que, hablando de bares, la barra nos parece fundamental, más allá de la etimología de la palabra, por supuesto, aquí no vamos a sujetarnos de etimologías ni ninguna pendejada circunstancial.

La barra es la mano extendida hacia la persona que llega. Es el espacio que le dice a esa persona que no es necesario venir acompañado para tener compañía. Por eso una barra tiene que cumplir ciertas condiciones, a mi parecer:

  1. Contar con un bartender amable o, al menos, querible.
  2. Estar limpia.
  3. Contar con cerveza fría (como minimísimo, claro) y
  4. Contar con música que combine con el ambiente del lugar.

Las tres últimas condiciones son relativamente fáciles de solucionar pero la primera es básica y muy complicada de conseguir.

Como podrás darte cuenta, una barra sin bartender no es una mano extendida hacia nadie. Es más, tiene que ser ese bartender el que limpie la barra y sirva esa cerveza y hasta ponga esa música, qué carajo! Tenemos que hacer otro post para hablar únicamente de ese ser maravilloso que es el bartender pero, por el momento, nos quedamos con la idea de que la barra no es sin su bartender y viceversa.

Estructuralmente, la barra tiene que cumplir ciertas condiciones por fuera y por dentro.

Por fuera:

  1. Ser elegante.
  2. Tener una altura de 112cm, AL MENOS! Claro que vamos a encontrar mucha gente “experta” en el tema que diga que 106cm es la medida ergonómicamente correcta pero eso NO ES ASÍ, señores. La barra de un bar tiene que estar a la altura media de una persona parada apoyando su codo sobre la barra con comodidad y sin inclinaciones.
  3. Contar con un apoyo para el pie, ubicado a una altura de 30cm desde el suelo y
  4. Soportar el peso de varias personas bailando sobre ella.

Aparte de estas especificaciones, no está por demás agregar detalles para mejorar la comodidad de las personas que se sienten en ella como ganchos para mochilas o carteras o cualquier otra innovación.

Por dentro:

  1. Contar con un espacio (meson) para preparar cocteles (sí, escribiremos cocteles sin tildes porque está en ecuatoriano. Aquí nadie dice vídeos sino videos y nadie dice cócteles sino cocteles).
  2. Contar con compartimentos para guardar cosas varias.
  3. Tener iluminación suficiente.

Entre las cosas con las que debe contar una barra podemos enumerar las siguientes:

Hacia afuera:

  1. Servilletas
  2. Sorbetes
  3. Posavasos
  4. Ceniceros (ah, esos tiempos en que se podía fumar en una barra! los ceniceros deberían estar allí solo para recordárnoslos y esperar al momento del cierre y el relax)

Hacia adentro:

  1. Destapadores
  2. Palillos
  3. Trapos
  4. Encendedores (ah, esos tiempos en que se podía fumar en una barra! los encendedores deberían estar allí solo para recordárnoslos y esperar al momento del cierre y el relax)

Otra cosa que suele pasar con las barras, especialmente las de madera, es que se van llenando de detalles grabados por la gente que ha estado en contacto con ellas o por momentos varios, digamos que se pasó por encima una silla y esta pasó raspando la barra, por ejemplo. Hay quienes piensan que eso hay que corregirlo. Yo pienso que eso marca el tiempo que esa barra va experimentando. Yo pienso que esos detalles son la forma que esa barra tiene para hablar de sus recuerdos contigo. Pienso que forma parte de la belleza de las cosas viejas y del valor que el tiempo da a todo lo que perdura, valor incuantificable por la complejidad de su moneda y la imposibilidad de su cambio a dólares u oro.

Hasta antes de este artículo había fotografiado muchas barras sin sus bartenders. De ahora en adelante voy a tratar de hacer la foto de la pareja.

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